miércoles, 8 de octubre de 2008

¿REPOSITORIOS o BIBLIOTECAS?

Por: Jairo Castillo Cortés - Email: castillo@univalle.edu.co
Dirección de Nuevas Tecnologías y Educación Virtual
Universidad del Valle – Cali – Colombia.

Es interesante notar como se está utilizando el término repositorio de objetos de aprendizaje (ROA) para dar a entender que se trata de un almacenamiento de recursos digitales, pero entonces ¿que diferencia hay con respecto a una biblioteca digital? o ¿qué sentido tiene crear una nueva entidad cuando se tiene una que hace lo mismo? El problema está en que el concepto de repositorio de OA es aún muy joven y como consecuencia de esto equipararlo con una institución reconocida y aceptada por todos como es la biblioteca resulta, en apariencia, una medida estratégica muy conveniente y convincente, pero que en contraprestación, resta claridad a los conceptos y genera una confusión que los hace inoperantes, pues el repositorio de OA pierden su razón de ser. Pues un repositorio de objetos de aprendizaje sí debería tener algunas diferencias con respecto a la biblioteca digital.

Comencemos por precisar el tipo de material almacenado digitalmente; la biblioteca almacena recursos educativos digitales de todo tipo, en cambio un verdadero repositorio de objetos de aprendizaje almacena prioritariamente Objetos de Aprendizaje, es decir pequeñas unidades de contenido para la elaboración de cursos virtuales que constan de objetivos, actividades de aprendizaje y evaluación. Así pues, los OA están orientados preferencialmente a fomentar y estandarizar la producción de material digital para la formación virtual, para lo cual requieren de la catalogación con metadatos como parte del proceso. En tal sentido no se puede llamar OA a un recurso por el mero hecho de estar almacenado en un repositorio y contar con una ficha de catalogación (metadatos), sino por contar con todos los elementos necesarios para garantizar procesos de enseñanza y aprendizaje formales, sistemáticos y orientados a unos contextos multimediales o tecnologizados. Por tanto, es errado el énfasis exclusivo hacia la catalogación de OA, comprensible como parte de una etapa de formación y apropiación del concepto, pero la verdadera riqueza de los OA solo será notoria en la medida en que se piense en la elaboración o producción de OA y además dotar a estos de las posibilidades que ofrecen las TIC (autonomía, interactividad, flexibilidad, actualización). Si con los OA se sigue por la línea de la mera catalogación, los OA no tendrán siquiera el alcance de una biblioteca digital, ya que de estas hay bastantes y muy buenas, pero además resultará más eficiente seguir haciendo las búsquedas con un motor en Internet abierto (tipo google.com), que ingresar a un repositorio.

La verdadera fuerza de los repositorios y de los OA está en la medida en que contengan material que permita elaborar, comparar e integrar cursos virtuales, que se precise que se trata de material pensado para usar de manera formal, en términos de calidad, para apoyo a la docencia y el aprendizaje en línea, virtual o multimedial, situación que no excluye el que también se puedan usar en docencia magistral o educación presencial.

Mientras los repositorios de OA no se diferencien de una biblioteca digital y los OA no se diferencien de los recursos digitales en general, estos dos términos no cobrarán la especificidad y pertinencia que merecen en un contexto de educación cada vez más mediado por tecnologías.